La temporada de langostino en aguas nacionales, que durante gran parte de la campaña registró un nivel de descargas extraordinario, atraviesa ahora una etapa de creciente incertidumbre. La caída de los rendimientos, la dispersión de la flota y la falta de concentraciones estables del recurso alimentan las dudas sobre cuánto tiempo más podrá sostenerse la actividad.
Capitanes y tripulantes consultados coinciden en que el panorama se volvió mucho más complejo en los últimos días. La sensación a bordo es que la pesquería podría estar ingresando en su tramo final si las capturas no muestran una recuperación.
“Estamos desparramados por todos lados. Hay barcos que se fueron más al norte, pero el pescado no aparece”, describió el capitán de un buque congelador.
Según explicó, la apertura de la Subárea 7 generó expectativas iniciales, aunque los buenos rendimientos fueron de muy corta duración. “El primer día se pescó bien, el segundo empezó a caer y al tercero prácticamente no quedaba nada”, señaló.
Actualmente, la flota opera sobre un amplio frente de pesca, desde el norte del paralelo 42 hasta sectores cercanos al paralelo 45, sin una referencia clara de dónde se concentra el langostino. En ese contexto, los resultados dependen casi exclusivamente de localizar una mancha de pescado.
“Algunos hacen una buena marea porque encuentran la mancha; otros no levantan prácticamente nada. Estamos muy dispersos”, resumió otro de los testimonios.
Aunque por el momento no existe ninguna comunicación oficial que anticipe el cierre de la temporada, los trabajadores del sector consideran que el comportamiento del recurso no ofrece señales alentadoras.
A este escenario se suma la intensa presión pesquera. En las áreas de trabajo coinciden buques congeladores, cajoneros y embarcaciones provenientes de Rawson, lo que incrementa la competencia sobre un recurso que muestra signos de agotamiento en varias zonas.
“Todos tenemos derecho a trabajar, pero cuando aparece pescado los cajoneros entran, capturan y salen rápidamente. Al final el recurso se agota para toda la flota”, comentó un capitán.
Otro problema que comenzó a repetirse con frecuencia es la presencia masiva de poliquetos, esponjas y otros organismos bentónicos en las redes, lo que dificulta aún más las operaciones y reduce la eficiencia de las capturas.
“En los últimos lances subimos más poliquetos, canutos y esponjas que langostino. También apareció bastante merluza. Las capturas bajaron mucho y el panorama no es bueno”, relató un tripulante.
La situación fue confirmada por el contramaestre de otra embarcación, quien sintetizó el momento que atraviesa la flota: “Estamos colando agua. Lo único que sube a las redes son los poliquetos”.
Con rendimientos cada vez más bajos, una flota dispersa en busca del recurso y sin áreas que logren sostener capturas regulares, la preocupación crece entre los armadores y tripulantes. Si la tendencia no cambia en los próximos días, muchos consideran que la temporada de langostino en aguas nacionales podría estar acercándose a su desenlace.