Un estudio del CENPAT reveló que el pez limón continúa expandiendo su presencia en la Patagonia: ya alcanza el Golfo Nuevo, donde se detectaron indicios de reproducción. Los científicos atribuyen este avance al calentamiento del océano y sostienen que podrían coexistir dos poblaciones distintas de la especie en el Atlántico Sudoccidental.
El pez limón (Seriola lalandi), una de las especies marinas de mayor valor comercial, deportivo y gastronómico del Atlántico Sur, dejó de ser un visitante ocasional de las costas patagónicas para convertirse en un componente cada vez más estable del ecosistema del Golfo Nuevo. Así lo confirma un estudio científico realizado por investigadores del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET), que documenta una expansión significativa de su distribución hacia el sur, un aumento sostenido de su abundancia y las primeras evidencias de actividad reproductiva en aguas patagónicas.
La investigación fue desarrollada por especialistas del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET), junto a investigadores del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC-CONICET) de Mar del Plata y del Instituto de Investigaciones en Producción Animal (INPA), y representa uno de los trabajos más completos realizados hasta el momento sobre la presencia de esta especie en el Atlántico Sudoccidental.
Una expansión que cambia el mapa de la especie
Hasta hace pocos años, la distribución conocida del pez limón se extendía desde el sur de Brasil hasta las costas de Mar del Plata. En la Patagonia, su presencia era considerada excepcional y se limitaba a unos pocos ejemplares adultos observados durante el verano.
Sin embargo, el nuevo estudio confirma que la especie amplió su distribución aproximadamente cinco grados de latitud hacia el sur, alcanzando los 43° de latitud sur, dentro del Golfo Nuevo.
Pero el cambio no fue únicamente geográfico. Los investigadores también registraron un marcado incremento en la cantidad de ejemplares y una modificación en la estructura poblacional.
“A partir del año 2000 comenzamos a registrar una mayor abundancia de la especie en la región, especialmente en el Golfo Nuevo. Además notamos un cambio en la estructura poblacional: empezaron a aparecer otras tallas, incluyendo individuos más chicos. Ya no solo estaban los gigantes de siempre, lo que marcó el inicio de un cambio notable”, explicó Alejo Irigoyen, investigador del CESIMAR-CONICET.
Otro dato revelador es la ampliación del período de permanencia de la especie. Mientras décadas atrás las observaciones se concentraban prácticamente en enero, actualmente el pez limón puede encontrarse desde octubre hasta mayo e incluso junio, lo que refleja una presencia estacional mucho más prolongada.
Ciencia y conocimiento de los pescadores
El trabajo integró distintas fuentes de información: entrevistas con pescadores artesanales y pescadores submarinos, registros obtenidos mediante cámaras submarinas BRUVS y análisis biológicos de ejemplares capturados en el Golfo Nuevo.
Los investigadores destacaron que muchas de las observaciones realizadas por los pescadores coincidieron plenamente con los resultados científicos obtenidos durante el estudio.
Uno de los episodios que marcó un punto de inflexión ocurrió el 11 de noviembre de 2020, cuando pescadores artesanales capturaron por primera vez un cardumen completo de pez limón en Bahía Colombo. En aquella oportunidad se obtuvieron alrededor de 60 ejemplares, equivalentes a unas 1,05 toneladas, dando origen a una pequeña pesquería artesanal de la especie en la zona.
Evidencias de reproducción en aguas patagónicas
Entre 2023 y 2024 los investigadores analizaron 50 ejemplares provenientes del Golfo Nuevo. Sobre 47 individuos registraron longitud y peso, mientras que en 30 realizaron estudios histológicos de las gónadas.
Los análisis revelaron ejemplares en diferentes estados de desarrollo reproductivo y máximos valores del índice gonadosomático durante diciembre, resultados que constituyen una fuerte evidencia de que el pez limón estaría utilizando el Golfo Nuevo como área reproductiva.
“Conocer los ciclos de reproducción es clave para la conservación. Si una especie se reproduce en un lugar específico, es fundamental proteger esa zona. También es muy importante identificar dónde se ubican los prereclutas, ya que muchas especies eligen áreas determinadas para asentarse y crecer”, explicó Luján Villanueva-Gomila, investigadora del CENPAT.
El calentamiento del mar aparece como un factor clave
El estudio señala que la expansión del pez limón en la Patagonia coincide con procesos similares registrados en otras regiones del mundo y podría estar directamente relacionada con el calentamiento del Atlántico Sudoccidental.
Según los autores, el incremento de la temperatura del océano estaría favoreciendo el desplazamiento de especies de afinidad templada hacia latitudes más australes, modificando progresivamente la composición de los ecosistemas marinos.
¿Dos poblaciones distintas?
Otro de los aspectos más relevantes del trabajo es la hipótesis de que actualmente existirían dos stocks diferenciados de pez limón en el Atlántico Sudoccidental.
Uno ocuparía el sector comprendido entre los 35° y 38° de latitud sur, frente a Buenos Aires y Uruguay, mientras que el segundo se localizaría alrededor de los 43° S, en el Golfo Nuevo.
Las diferencias detectadas en el tamaño de los ejemplares y en los períodos reproductivos respaldan esta posibilidad, aunque los investigadores sostienen que serán necesarios futuros estudios sobre migraciones y conectividad genética para confirmarla.
Un recurso estratégico para la pesca y la acuicultura
El pez limón puede superar los 30 kilogramos de peso y se alimenta principalmente de anchoíta, jurel, caballa, pequeños peces, crustáceos y calamares.
Su carne es altamente apreciada por la gastronomía internacional —especialmente en la elaboración de sushi y sashimi, donde en ocasiones reemplaza al atún fresco— y la especie posee además un creciente interés para la acuicultura debido a su rápido crecimiento y elevado valor comercial.
Por estas características, los investigadores consideran indispensable comenzar a diseñar estrategias de manejo antes de que aumente significativamente el esfuerzo pesquero sobre este recurso.
Entre las alternativas analizadas figuran límites de captura, vedas temporales y sistemas de permisos que permitan sostener la actividad artesanal sin comprometer la sustentabilidad de la población.
“Una opción de manejo no es prohibir la actividad, ya que es una fuente de trabajo y un recurso económico, gastronómico y cultural espectacular. Pero sí se podrían fijar límites en los volúmenes de captura o implementar vedas y permisos para evitar la sobrepesca”, concluyó Irigoyen.
Un nuevo escenario para la pesca patagónica
Los resultados de esta investigación representan mucho más que un hallazgo biológico. La consolidación del pez limón en el Golfo Nuevo incorpora una especie de alto valor económico al mapa pesquero del Atlántico Sudoccidental y ofrece información estratégica para planificar su aprovechamiento de manera sostenible.
Al mismo tiempo, el trabajo aporta nuevas evidencias sobre los efectos que el cambio climático ya está generando en la distribución de los recursos marinos, un fenómeno que obliga a repensar las estrategias de investigación, conservación y manejo pesquero en la Patagonia argentina.