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1 mayo, 2026 08:43

Especialistas del INIDEP resaltan la vuelta a la actividad del palangrero Argenova XIV.

La implementación de este método de captura, junto con avances en materia de investigación y mejores condiciones operativas a bordo, genera nuevas perspectivas para el seguimiento de especies y promueve un desarrollo más sustentable de la actividad pesquera.

La reciente incorporación de un buque palangrero de la firma Argenova volvió a poner en agenda el potencial de este sistema de pesca, con un fuerte respaldo desde el ámbito científico. Investigadores del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) destacaron su valor tanto para la generación de conocimiento como para la explotación responsable de los recursos del mar.

El doctor Federico Luis Gorini, integrante del Programa de Pesquerías de Peces Demersales, Australes y Subantárticos, explicó que su equipo lleva más de dos décadas dedicado al seguimiento de especies clave del ecosistema austral, como la merluza de cola, la merluza negra, la polaca, la salilota —también conocida como bacalao criollo— y la merluza austral.

“El objetivo central es sostener y monitorear la biomasa de estas especies, además de brindar asesoramiento técnico al Consejo Federal Pesquero en materia de manejo sustentable”, señaló. En ese marco, indicó que, mientras la merluza de cola evidencia una tendencia descendente en los últimos años, el resto de las especies se mantiene en niveles estables gracias a las políticas de administración vigentes.

A su turno, el investigador Germán Lukaszewicz remarcó la importancia de reactivar el palangre como arte de pesca en el país. “Es un método ampliamente utilizado a nivel global y resulta clave para la investigación, en particular por la calidad del tratamiento que recibe el recurso capturado”, explicó. También subrayó sus ventajas ambientales, al tratarse de un sistema que no impacta sobre el fondo marino ni genera alteraciones significativas en la biodiversidad.

Desde el equipo de observadores, Cristian Piriz detalló que las tareas científicas a bordo se desarrollan siguiendo protocolos específicos, adaptados a cada campaña. Además, valoró las mejoras en las condiciones de habitabilidad y en los espacios de trabajo del buque, aspectos que contribuyen a optimizar tanto la labor técnica como la vida en navegación.

Piriz también puso en relieve la articulación entre el sector científico y el empresarial: “La cooperación con las compañías es clave porque facilita el acceso a los recursos y a las muestras. Este trabajo conjunto fortalece tanto la investigación como la sostenibilidad de la actividad”.

En términos operativos, las campañas de los buques palangreros pueden extenderse hasta dos meses, superando ampliamente la autonomía de otras flotas. Los anzuelos, por su parte, se calan a profundidades que oscilan entre los 800 y los 2.000 metros, de acuerdo con la normativa vigente.

La reactivación de este tipo de embarcaciones no solo amplía las capacidades productivas, sino que también abre nuevas posibilidades para el monitoreo científico y el desarrollo de prácticas pesqueras más sustentables en el país.

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