El reporte pericial concluyó que el deceso se produjo a raíz de un paro cardíaco provocado por un aneurisma en la arteria pulmonar. A partir de este resultado, la investigación deberá ahora reconstruir la evolución del cuadro de salud y las decisiones operativas adoptadas durante la navegación rumbo a Mar del Plata.
El fallecimiento del tripulante Matías Vílchez, a bordo del buque pesquero Don Nicola y a escasa distancia de Mar del Plata, incorporó en las últimas horas un elemento determinante: la autopsia confirmó que la muerte se produjo como consecuencia de un paro cardíaco originado por un aneurisma en la arteria pulmonar, una patología que puede evolucionar sin síntomas evidentes hasta un desenlace repentino.
El dato, ya sumado a la causa judicial en curso, se vuelve clave para analizar lo sucedido durante la emergencia médica en plena navegación. De acuerdo con los primeros informes emitidos desde la embarcación, el cuadro clínico habría sido interpretado inicialmente como una afección digestiva leve, sin signos de gravedad inmediata, lo que derivó en un seguimiento a distancia sin activar un operativo de evacuación aérea.
La brecha entre ese diagnóstico preliminar en altamar y la conclusión médico-legal posterior se posiciona ahora como uno de los puntos centrales de la investigación. La atención sanitaria en el ámbito marítimo, basada en radioconsultas y reportes sintomáticos, suele operar con información limitada, mientras que el estudio forense permite determinar con precisión la causa anatómica del deceso. En este contexto, la Justicia deberá evaluar si, con los datos disponibles en tiempo real, existían elementos suficientes para haber adoptado otra decisión.
El episodio se inició el viernes por la tarde, cuando el tripulante comenzó a manifestar malestar mientras el buque desarrollaba tareas en zona de pesca. A partir de allí, se activaron los protocolos de comunicación con la autoridad marítima y se puso en marcha un seguimiento clínico remoto. Ya en la madrugada del sábado, cuando la embarcación se aproximaba al puerto de Mar del Plata, el trabajador fue encontrado sin signos vitales en su camarote.
El caso generó una fuerte conmoción en la comunidad pesquera y derivó en cuestionamientos por parte de los familiares, quienes señalaron posibles falencias en la respuesta ante la emergencia y denunciaron falta de información en las horas previas al arribo.
En paralelo, la fiscalía interviniente avanza en la reconstrucción detallada de la secuencia: comunicaciones, síntomas informados, indicaciones médicas, tiempos de respuesta y condiciones operativas durante la navegación. En ese marco, se analiza el rol del capitán, la empresa armadora y los profesionales que participaron en la asistencia a distancia.
Desde el punto de vista médico, especialistas advierten que el aneurisma de la arteria pulmonar es una condición poco frecuente, que puede no presentar señales claras antes de un desenlace abrupto. Este factor añade complejidad en escenarios como el marítimo, donde la atención depende de recursos acotados y decisiones tomadas bajo incertidumbre.
Más allá de las responsabilidades que eventualmente determine la Justicia, el caso vuelve a exponer las limitaciones estructurales en la atención de emergencias en alta mar: distancias extensas hasta puerto, dificultades para evacuaciones aeromédicas y, en muchos casos, la ausencia de personal sanitario a bordo.
Si bien la autopsia aporta una certeza científica sobre la causa del fallecimiento, la investigación judicial deberá establecer si la cadena de decisiones fue adecuada o si existieron fallas que pudieron influir en el desenlace. Mientras tanto, el hecho deja una huella profunda en el sector y reabre el debate sobre los protocolos de atención médica en la actividad pesquera.